Esperanza de vida

Muere Marisa Paredes.

Diario El País

(17 diciembre 2024)

Llevo unos días luchando contra la memoria, ese mecanismo bélico que asalta y asedia la realidad hasta rendirla sin condiciones. Creo que corría el año 2004 cuando vi Bodas de sangre en un teatro de Madrid. No consigo tampoco recordar el nombre del recinto, tal vez porque aquel año Madrid entero era un gran escenario. ¿El Lope de Vega, el Español? Ese fue el año del 11M y es fácil relacionar el título de la obra y las 192 muertes y el silencio que poseyó a la ciudad durante muchos meses. Pero los nombres de los teatros y de la gente que conocí y de los actores de las muchas funciones de teatro que vi están muy lejos, tanto que a veces creo que no será posible volver a acceder a ellos.

Lo que sí recuerdo con precisión fue el perfil de la actriz principal cuando salió a escena bajo una tenue luz roja y dijo aquello de “Madrid se ha cubierto de sangre y ruego un minuto de silencio por las víctimas de esta cruel masacre. La desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo”. Y luego calló y permaneció inmóvil, llorando ante del público hasta que acabó el minuto más largo que he vivido nunca. La catarsis fue tal que, cuando entró el Novio y dijo “Madre”, las mejillas de la actriz seguían empapadas. El resto de la obra siguió, pero no creo que nadie de los presentes haya salido nunca de aquel momento.

La actriz, si la memoria no me falla, era Marisa Paredes. O tal vez no, y todas las actrices que Madrid me ofreció aquel año eran y no eran la Paredes. De repente, cada vez que revivo aquel Esperando a Godot o ese otro montaje brutal de las Comedias bárbaras o cualquiera de las obras de aquel Madrid están infestados de Marisa Paredes. Hasta el punto de que, sin saberlo, creé un personaje para ella que llamé Esperanza y que hoy interpreta en unos ensayos modestos (y divertidísimos) una tal Lourdes Ordóñez, quien también se llama Marisa Paredes —sin saberlo— cada vez que pisa las tablas del salón de actos del IES Jabalcuz de Jaén.

Gracias, Marisa.

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