Un día de viento…
Otto, el cartero de Un lugar llamado viento. Ilustración por Falcant.
Un día, al terminar la presentación de Un lugar llamado viento en mi instituto, te di una copia de un libro que había escrito. Ha pasado mucho tiempo y me gustaría saber si lo leíste y si te interesó.
Noelia / Martos / Jaén
(27 mayo 2017)
Querida Noelia,
lamento que mi respuesta llegue casi siete años tarde. De alguna forma misteriosa (así es el mar de internet), tu mensaje ha tardado todo ese tiempo en llegar hasta mí. "Pronto" es una palabra muy ambigua.
Recuerdo tu novela, cuidadosamente hilvanada por anillas, con la portada de color pastel. Recuerdo tu cara también, porque es la misma con la que yo he mostrado mis escritos a otras personas: tus ojos desprendían la luz de quien tiene la ilusión de compartir una historia que le ha nacido de dentro.
Hoy la he buscado por todas partes, como quien busca su ejemplar de Cien años de soledad (seguro que, a estas alturas de la vida, ya has descubierto a Gabriel García Márquez) entre todos los libros de su biblioteca; me pregunto si no se habrá extraviado en alguna de las (muchas) mudanzas de los últimos años. A veces, quién sabe por qué, las personas actuamos justo al contrario de lo que nos gustaría que hicieran con nosotros. ¿Qué pensaría yo de una persona que no es capaz de encontrar lo que con tanta ilusión le entregué un día?
Sin embargo, también te confieso que tú lograste precisamente aquello con lo que sueña todo escritor: te has quedado en mi memoria. Creo recordar que la historia que contabas iba sobre un amor más grande que la vida misma. ¿Es posible que la protagonista también se llamara Noelia?
Ojalá algún día vuelva a encontrarme contigo en medio del azaroso océano de la vida y pueda explicarte que tú ya eres escritora. Porque eres memoria.
Enrique