Una desapacible noche, la campana de la puerta suena a una hora intempestiva.
Al abrir, Yaya encuentra una cesta con un bebé en su interior.
A partir de ese momento, el pequeño Tiago crecerá feliz en una casa mágica y extraña, aunque pronto se verá arrastrado a una aventura que lo llevará hasta los confines de la tierra. La mayor sorpresa, como a veces sucede, le aguardará a su regreso.
Un lugar llamado viento es un cuento, una aventura, un libro lleno de música y de dibujos y de experiencias.
Un lugar llamado viento es un universo.

Tiago
Tiago fue abandonado por sus padres cuando apenas era un bebé. Por supuesto, a pesar de que se convertiría en un muchacho con muy buena memoria y de que lo intentaría con toda la fuerza de sus párpados apretados, nunca conseguiría convocar recuerdo alguno sobre aquel incidente. Así que debía ser su imaginación la que lo situaba dentro de una cesta esmirriada, llorando ante una puerta desconocida, en medio de la noche más desapacible del invierno más duro que nadie haya vivido jamás.
A través de un espeso manto de lluvia y de un viento aterrador, casi conseguía ver el brillo de unos ojos mezquinos y sombríos abotonados en una cara imprecisa. Era sólo una imagen fugaz, como una foto movida o desenfocada. Luego, una silueta que se alejaba y se iba haciendo cada vez más pequeña hasta desaparecer en la oscuridad. Imaginaba que aquella figura debía ser su madre.
Se le venían a la cabeza historias de todo tipo que explicaban que lo hubiesen dejado solo delante de aquella puerta: que su padre había muerto primero y que, sien- do pobre y no sabiendo cómo iba a alimentarlo, la madre había preferido dejar al bebé a mejor recaudo; o tal vez que a ninguno de los dos les hacía gracia cuidar a un niño tan pequeño, o que se habían cansado de él porque lloraba mucho o porque siempre tenía hambre o se orinaba demasiado y había que cambiarle el pañal a cada instante. Sea como fuere, si lo pensaba más de dos veces, Tiago estaba seguro de que sus padres habían sido malas personas. ¿Cómo, si no, podía justificarse que alguien fuera capaz de abandonar a una criaturita recién nacida?
Sin embargo, no les guardaba el más mínimo rencor. Más bien todo lo contrario. Aunque no lo creáis, les estaba tan agradecido que no podía evitar que se le escapara una sonrisa cuando pensaba en ellos. Y esto era porque, entre todas las puertas de todas las calles de todas las ciudades del mundo, su madre había atinado con la mejor.