Fb te recuerda cosas de la vida
Esta semana no tengo preguntas ni mensajes de nadie. Alguien me ha dicho que debe ser porque las últimas entradas del blog han sido en inglés. Anyways, el universo funciona así y me ha puesto delante un recuerdo de Facebook: hace ya ocho años que publiqué vindicativamente La ciudad ajena e hice la presentación de la novela en el por entonces llamado Café Jaén, un local ya inexistente en la calle Bernabé Soriano, número 24. En realidad, sigue existiendo, pero en vez ser un lugar con música en directo, buen ambiente y sillas distintas entre sí alrededor de mesas de mármol, ha sido tomado por una franquicia de esas de cien millones de bocadillos que apesta a cloaca y a gentrificación.
Elegí el Café Jaén porque era un guiño a Ernesto Quiles, uno de los personajes de la novela, a quien imaginé viviendo en esa misma calle y con vistas muy similares a las de aquel precioso edificio: la catedral de fondo, el castillo y su cruz… era el lugar perfecto para alguien que representaba a un sector muy concreto —y añejo, todo hay que decirlo— de Jaén. Una facción que hace bastante ruido y que prefiere las cosas a bombo y platillo, a la vez que hacen lo posible por retener el avance de la ciudad —por contradictorio que parezca; espero que nadie se sienta señalado por esto, pues ya hablé bastante de ello en mi columna del Diario Jaén—. El caso es que debió poseerme ese lado del espíritu de Quiles y llamé a Luisa Navarro, una súper periodista de Canal Sur con la que ya había colaborado antes, quien pergeñó una presentación digna de estreno de cine: un booktrailer de promoción, actuación en directo del gran Andrés Berzosa (inolvidable su versión de “La ciudad del viento” de Quique González), cerveza y firma de libros.
Cosas de la vida, fui yo el que terminé viviendo en ese mismo bloque durante 5 años. Sin embargo, esta vez poseído por las contradicciones del personaje antes mencionado, al final tuve que dejarme vencer por la realidad. Así que volví a mudarme, con todo el dolor de mi corazón. Ahora vivo felizmente en un sitio alejado del mundanal ruido, en una calle que pocos conocen y menos transitan. Abandoné la columna en el periódico Jaén y me alejé todo lo posible de las publicaciones que no llevan a otro sitio que a la casilla de salida y tiro porque me toca. Y ahora, cosas de la vida otra vez, escribo en una página web cuando me da la gana. Una metáfora, supongo.